Escribir lo que duele: una herramienta con beneficios modestos
Puede ayudarte a ordenar una experiencia. No tiene que remover lo peor que te pasó ni reemplazar una terapia.
Hay días en que hablar cuesta y una hoja ofrece menos presión. No necesitas escribir bonito ni saber de antemano qué sientes. Tampoco tienes que terminar más tranquilo para que ese rato haya tenido sentido.
Lo que encontraron los estudios
Pennebaker y Beall estudiaron en 1986 una forma de escritura sobre experiencias difíciles. Después se investigaron muchos formatos. Un metaanálisis de 146 estudios aleatorizados encontró un beneficio promedio pequeño. Los resultados varían según la población y lo que se mide; no permiten prometer una mejoría emocional o física a cada persona. Es una herramienta opcional, no una forma de curar un trauma por tu cuenta.
Tú eliges cuánto acercarte: Puedes empezar por una dificultad manejable de hoy. No tienes que escribir tu secreto más doloroso ni buscar una explicación definitiva. Si te desbordas, parar es una buena decisión.
Qué puedes probar
Reserva un rato breve
Prueba entre diez y quince minutos en un sitio donde te sientas cómodo. Deja tiempo después para volver a una actividad cotidiana.
Escribe sin editar
Puedes contar lo ocurrido, lo que sentiste y lo que necesitas ahora. Si no quieres conservarlo, puedes borrarlo o romperlo.
Observa cómo te deja
Una emoción intensa puede aparecer al escribir. Si el malestar persiste, aumenta o te desconecta del presente, suspende el ejercicio y conversa con un profesional.
Fuentes
- Pennebaker JW, Beall SK. Confronting a traumatic event: toward an understanding of inhibition and disease. Journal of Abnormal Psychology. 1986;95(3):274-281. Consultar fuente
- Frattaroli J. Experimental disclosure and its moderators: a meta-analysis. Psychological Bulletin. 2006;132(6):823-865. Consultar fuente