Insomnio • 2 min de lectura • • Con 2 fuentes para consultar

Después de una pesadilla: cómo volver a ubicarte en la noche

Un despertar breve puede ser normal. Las pesadillas frecuentes o muy angustiosas merecen atención.

Te despiertas asustado y tardas un momento en reconocer el cuarto. La escena del sueño sigue muy cerca, aunque ya estés despierto. Primero puedes orientarte; no necesitas encontrarle un significado ni recuperar el sueño de inmediato.

Soñar y despertarse no es siempre un problema

El sueño cambia de fases durante la noche y los sueños pueden ser más vívidos durante el sueño REM. Hay despertares breves que no recordamos. Su número y duración varían: no existe una cifra que sirva para juzgar cada noche. Las pesadillas pueden relacionarse con estrés, trauma, medicamentos u otras condiciones; no son desechos metabólicos ni predicciones.

Si se repiten, hay opciones: La terapia de ensayo en imaginación tiene respaldo para pesadillas recurrentes: se trabaja una versión modificada del sueño y se ensaya despierto. Conviene aprenderla con orientación, especialmente si hay trauma.

Qué puedes probar

Ubícate en el presente

Mira alrededor y reconoce dónde estás. Una luz suave puede ayudarte. Si te sirve, di: «me desperté de un sueño; ahora estoy aquí».

Evita hacer cuentas

No necesitas comprobar la hora ni calcular lo mal que irá mañana. Deja el teléfono si notas que te activa más.

Consulta si la noche se vuelve un miedo

Si las pesadillas se repiten, afectan el día o te hacen evitar dormir, busca evaluación. Si llevas un rato frustrado en la cama, puedes descansar en otro lugar seguro y volver cuando tengas sueño.

Fuentes

  1. Morgenthaler TI, Auerbach S, Casey KR, et al. Position paper for the treatment of nightmare disorder in adults: an American Academy of Sleep Medicine position paper. Journal of Clinical Sleep Medicine. 2018;14(6):1041-1055. Consultar fuente
  2. Schutte-Rodin S, Broch L, Buysse D, Dorsey C, Sateia M. Clinical guideline for the evaluation and management of chronic insomnia in adults. Journal of Clinical Sleep Medicine. 2008;4(5):487-504. Consultar fuente