Cuando intentar calmarte se convierte en otra preocupación
Exigirte estar bien de inmediato puede añadir presión. Hay otra forma de acompañar ese rato.
Primero aparece la ansiedad. Después llega el enojo contigo: «otra vez esto», «ya debería saber controlarlo». Ahora tienes el malestar inicial y una discusión interna encima. Es agotador, sobre todo cuando llevas tiempo intentando hacer todo bien.
Qué sabemos de intentar apartar pensamientos
En experimentos de laboratorio, pedir a las personas que no pensaran en algo hizo que ese pensamiento volviera después con más frecuencia. Es el llamado efecto rebote de la supresión. No ocurre siempre ni explica por sí solo un trastorno de ansiedad, pero ayuda a entender por qué vigilar a cada segundo si ya te calmaste puede mantenerte pendiente del miedo. Aceptar que una sensación está ahí no significa resignarte a sufrir ni dejar de tratarla.
Una meta más manejable: Puedes intentar seguir con una tarea segura mientras sientes ansiedad, sin convertir la desaparición inmediata de la sensación en un requisito. Eso no garantiza calma; te devuelve algo de margen para decidir qué hacer.
Qué puedes probar
Baja la exigencia
Prueba una frase que te resulte creíble: «me siento nervioso y puedo tomarme este momento con más calma». No necesitas convencerte de que todo está perfecto.
Elige una tarea pequeña
Preparar una taza de agua, ordenar una prenda o llamar a alguien puede ayudarte a retomar el día. Elige algo posible, no una prueba de fuerza de voluntad.
Observa qué necesitas después
Si la ansiedad se repite, te lleva a evitar actividades o dificulta dormir y trabajar, busca una evaluación. Una técnica breve no tiene que resolverlo todo.
Fuentes
- Wegner DM, Schneider DJ, Carter SR III, White TL. Paradoxical effects of thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology. 1987;53(1):5-13. Consultar fuente
- National Institute for Health and Care Excellence. Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management. CG113. Recommendations. Consultar fuente