Decir que sí cuando querías decir que no
La costumbre de complacer puede protegerte de un conflicto a corto plazo. También puede dejar poco espacio para tus necesidades.
Aceptaste otro favor y, apenas terminó la conversación, sentiste rabia contigo. Quizá estabas ocupado, cansado o simplemente no querías. Cambiar esa respuesta automática puede empezar por ganar un poco de tiempo para contestar.
Una palabra popular no explica toda tu historia
El término «fawn» se usa en divulgación para describir la complacencia ante una amenaza. No es un diagnóstico ni una cuarta respuesta biológica universal demostrada. Decir sí por miedo puede relacionarse con experiencias previas, normas familiares, desigualdad de poder o una situación de peligro actual. No permite concluir que hubo trauma infantil ni que tu cuerpo esté acumulando una cantidad específica de cortisol.
Asertividad no significa confrontarlo todo: Comunicar preferencias y límites es una habilidad que puede practicarse. Cuando hay violencia o control, hacerlo sin apoyo puede aumentar el riesgo: en ese caso la prioridad es la seguridad, no cumplir un ejercicio de poner límites.
Qué puedes probar
Pide tiempo para responder
«Lo reviso y te aviso» puede ayudarte a distinguir si quieres aceptar o si estás contestando por presión.
Practica en una situación de poco riesgo
Puedes empezar por una preferencia cotidiana: «hoy prefiero quedarme en casa». No hace falta dar una larga defensa.
Observa lo que pasa después
Puede aparecer culpa o alivio, o ambos. Sentir culpa no demuestra por sí solo que hayas hecho daño. Si el miedo a decir no domina tus relaciones, busca acompañamiento.
Fuentes
- Speed BC, Goldstein BL, Goldfried MR. Assertiveness training: a forgotten evidence-based treatment. Clinical Psychology: Science and Practice. 2018;25(1):e12216. Consultar fuente
- Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Solicitar ayuda en casos de violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar: Línea 100. Consultar fuente